La Historia

La casa de Serafín era muy antigua y la verdad que no era posible la restauración, muros de tierra, grandes y humedades, tejados en mal estado, por lo que decidí tirarla al suelo y empezar de nuevo, no sin que se me encogiera un poco el corazón por lo antigua que era, pero sobre todo pensando en la familia que había vivido allí, y que una excavadora estaba destruyendo el lugar y los recuerdos de su infancia. Cuando pensé en la nueva casa, el Patio del Carbón, también lo tenia muy claro, al igual que la vieja casa, tenía que tener un patio interior, al estilo de las muchas casas que aún sobreviven en el barrio de la Cruz (uno de los barrios más antiguos del pueblo y el único que aún conserva la acequia descubierta). Hablando con Andrés, el arquitecto, planificamos la casa, la verdad es que no estaba muy a mi gusto, un día me llama y me dice, he tirado lo que habíamos hecho y la he dibujado de nuevo (esto le honra y más en estos tiempos), te mando un fax y ya me dices que opinas. La miré y le llamé, Andrés la distribución perfecta, el pato pierde un poco el protagonismo pero sigue adelante con los planos. Desde entonces empecé a soñar con ella, antes de empezar a construirla, ya en mi mente, paseaba por la casa, ya me pedía cosas, que suelos ponerle que decoración hacerle. Según fui construyéndola, la casa me hacía seguir con lo previsto o cambiar. Soy albañil y la verdad es que trabajar así es un placer, muchas horas mirando y buscando materiales que le pegaran, intentando sobre todo una armonía en la decoración. También sufrí mucho, muchísimas horas trabajando, sin vacaciones ni fines de semana, trabajando después del trabajo, pero la verdad es que era una gozada ver como iba tomando forma, vida, intentando ponerle mi alma a todo (siempre he pensado que ponerle el alma a lo que uno hace, siempre queda algo en el resultado final). También tuve la suerte de encontrar un almacén de unos sirios en los que había muchísimos artículos de artesanía marroquí, egipcia, india, paquistaní y que me han servido para decorarla integrándose perfectamente. También he hecho trabajos que nunca había hecho, con el plus de emoción de ver como quedaban, si hubiera tenido que pagarlos no la hubiese podido hacer. Se llama el Patio del Carbón porque no iba a poner de nuevo el nombre de su antiguo dueño, ya bastantes veces me llaman mis futuros clientes Serafín pensando que ese es mi nombre, Patio por el Patio y del Carbón por el apodo materno de mi abuelo ”Juan el carbonero” que era pastor, aunque su padre sí que era carbonero de verdad. Un día, Cristina de Córdoba, me había alquilado la casa y lo primeo que me dijo al entrar y girar sobre si misma en el patio, ¿no te da lastima alquilar esta casa? no, porque la he hecho pensando en gente como tu, que viven en ciudad o en un piso, cada vez que hacía algo pensaba en mis clientes, cuando vean esto o aquello… y me llenada de satisfacción. Cuando faltaba poco para terminarla mucha gente me preguntaba tendrás ganas de terminar -sí y no- sí, porque estaba ya un poco cansado, y no, porque vivía y disfrutaba con ella, me resultaba muy ilusionante. Cuando la terminase solo vendría de visita. Lo que realmente me da lastima es cuando esta vacía, la hice para que se disfrutara, no para que se encontrara sola. Cuando se tira un tiempo sin nadie, vengo yo, ha hacerle un poco de compañía.
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